Silvia Foix durante la entrevista sobre la historia del Centro de Salud Animal de Pueblo Esther

El espacio municipal surgió a partir de una iniciativa de voluntarios que buscaban trasladar a Pueblo Esther una experiencia de trabajo que se desarrollaba en Rosario. Silvia Foix repasó el origen del programa, su evolución durante 12 años y el vínculo entre el Estado y las organizaciones que acompañaron el proceso.

La reapertura del Centro de Salud Animal de Pueblo Esther, luego de la reconstrucción y ampliación del edificio afectado por el temporal de diciembre de 2025, también permitió recuperar parte de la historia de un espacio que comenzó a gestarse hace más de una década.

En 2014, un grupo de personas que participaba de operativos de atención animal en distintos barrios de Rosario comenzó a pensar cómo trasladar esa experiencia a Pueblo Esther. Entre ellas estaba Silvia Foix, quien junto a otros voluntarios tomó como referencia el trabajo que se realizaba en los barrios rosarinos. 

“Pensé: esto lo tengo que hacer en Pueblo Esther”, recordó Foix al reconstruir el origen de la iniciativa.

El proyecto contó inicialmente con el acompañamiento de la Red de Políticas Públicas, una organización que aportó herramientas y material para que los voluntarios pudieran plantear la propuesta ante las autoridades. Con el tiempo, el grupo también comenzó a participar de esa red y a replicar el modelo de trabajo en otras localidades.

De una iniciativa voluntaria a una política pública

Uno de los puntos centrales que Foix destacó al recordar aquellos comienzos fue la definición del rol que debía asumir el Estado en materia de salud animal.

La propuesta buscaba que los ciudadanos acompañaran el proceso, pero entendiendo que la atención veterinaria y las políticas de control poblacional forman parte de una responsabilidad estatal. En ese sentido, el grupo comenzó acompañando las acciones municipales mediante actividades destinadas a recaudar fondos.

Con el paso de los años, el esquema de trabajo fue cambiando. Actualmente, la Municipalidad de Pueblo Esther se hace cargo de los veterinarios y de los insumos necesarios para el funcionamiento habitual del Centro de Salud Animal. Patitas, en cambio, concentra los recursos que consigue en estudios, atención con especialistas y casos de mayor complejidad que no pueden ser cubiertos por el servicio municipal, además de aportar parte del equipamiento utilizado en el centro.

El eje en las castraciones y el control poblacional

Foix señaló que una de las principales transformaciones producidas durante estos años está relacionada con el programa de castraciones.

La entrevistada explicó que el objetivo no es solamente atender animales rescatados o resolver situaciones puntuales, sino intervenir sobre las causas que generan el crecimiento de la población animal y, con ello, situaciones de abandono y sufrimiento.

En ese sentido, sostuvo que el programa también cumple una función educativa. Según su mirada, la incorporación de estas prácticas puede modificar progresivamente la relación de las personas con sus animales.

Como ejemplo, recordó el caso de una mujer que había llevado a atender a un gato atropellado que pertenecía a su hijo. La familia no contaba con recursos suficientes para afrontar la intervención y la Municipalidad terminó realizando la operación. Tiempo después, la mujer regresó para contar que el animal se había recuperado y que la experiencia había modificado la manera en que veía y cuidaba a su mascota.

Para Foix, ese tipo de situaciones permiten observar un cambio que va más allá de la atención veterinaria puntual y que se relaciona con la concientización sobre la tenencia responsable.

Doce años de trabajo y una red que se extendió

Desde aquel comienzo en 2014, el trabajo también se vinculó con otras localidades. Foix recordó que los primeros integrantes de la iniciativa comenzaron a concurrir a distintos lugares y que, con el tiempo, se conformó una red de personas y organizaciones que continúan colaborando entre sí.

La experiencia desarrollada en Pueblo Esther también tomó como referencia trabajos y programas que ya se implementaban en otras localidades, además de los aportes de la Red de Políticas Públicas en materia de equilibrio poblacional de perros y gatos. A partir de esos intercambios se fueron incorporando herramientas y criterios de trabajo que luego formaron parte del funcionamiento del programa en la ciudad. 

Ese intercambio permitió incorporar herramientas y equipamiento para distintas situaciones, por ejemplo, desde elementos destinados a la atención de gatos hasta una camilla para trasladar animales de mayor tamaño.

Qué cambió en Pueblo Esther

Al comparar la situación actual con la de los primeros años, Foix marcó una diferencia en el tipo de animales que llegan a las campañas de castración. Según explicó, al comienzo resultaba difícil incluso realizar castraciones de perros machos, mientras que actualmente ese grupo y los gatos representan una parte importante de las intervenciones.

También señaló un cambio en la presencia de animales nacidos en la calle. Según su experiencia, actualmente los perros que se encuentran en la vía pública son, en mayor medida, animales con dueño que son dejados salir, y no animales que nacen y crecen directamente en la calle.

Para Foix, ese aspecto muestra un avance en el control poblacional, aunque plantea otro desafío: la responsabilidad de los propietarios sobre los animales que dejan circular sin supervisión.

“Hoy los animales que están en la calle están controlados, están vacunados”, sostuvo, aunque advirtió que igualmente quedan expuestos a accidentes, peleas, extravíos y otras situaciones de riesgo.

La reconstrucción del Centro de Salud Animal

La historia del espacio tuvo un nuevo capítulo a partir del temporal de diciembre de 2025, que provocó importantes daños en el edificio y obligó a trasladar temporalmente las actividades.

Durante ese período, la parroquia cedió un espacio para que pudieran continuar algunas de las tareas, mientras se avanzaba con la reconstrucción. Ese tiempo también permitió introducir modificaciones y ampliar el proyecto original de recuperación del edificio.

Según explicó Foix, la Provincia aportó inicialmente el equivalente al 50% del presupuesto que se había previsto para la reconstrucción. Sin embargo, el proyecto terminó incorporando más trabajos y mejoras, por lo que el costo final fue mayor y el período de obra se extendió.

Con el edificio nuevamente en funcionamiento, el Centro de Salud Animal retoma así las prestaciones habituales y abre una nueva etapa de un programa que, desde aquel primer impulso surgido en 2014, fue transformándose en una política de atención veterinaria municipal acompañada por organizaciones y voluntarios.

Más allá de la reconstrucción edilicia, la historia del centro muestra también cómo una iniciativa que comenzó con un grupo de vecinos que buscaba replicar una experiencia de otras localidades fue adquiriendo continuidad, estructura y nuevas responsabilidades a lo largo de más de una década.